Vaya caos


Este fin de semana llegamos a los 40 días. Cumplimos la cuarentena de encierro en Madrid. Viendo la evolución de los datos de la pandemia en España (lenta y peor de la esperada) tengo algo que decir. Es mi opinión, esto es un blog y no soy fuente oficial, así que el CIS puede relajarse conmigo.

En resumen: VAYA CAOS.

Los datos son fundamentales para conocer el impacto del coronavirus en la población y los datos no concuerdan. Las fuentes son dispares. Los métodos distintos. Han tardado más de un mes en unificar criterios. Para que luego digan que las matemáticas son el lenguaje más universal.

Sin datos fiables no se conocerá el impacto de la enfermedad en la población que no presenta síntomas. Los científicos reconocen que esa es la clave. Sin esa estadística puede haber un plan pero no habrá calendario para el desconfinamiento. Vamos corriendo como pollo sin cabeza.

China nos ha mentido sobre el impacto del coronavirus en su población. Tiene un montón de cadáveres guardados en el armario. Occidente ya está pidiendo explicaciones. Me da que nos habría pillado el toro igual, pero la falta de transparencia del régimen chino canta la traviata.

La palabra 'crisis' me suena a eufemismo. Sin trabajo no hay dinero. Sin dinero nadie gasta. Sin dinero no hay para pagar la luz, el agua, el teléfono, la hipoteca, la educación de los hijos. Sin dinero se pasa hambre. Qué hacen los que pueden que no salen al rescate de todos.

Soy periodista. También perdí mi trabajo en la crisis anterior. Maldita la gracia. Entonces se criticaba que emigraran los científicos y que el turismo salvara la economía. Más profesores y menos camareros, gritaron. Ahora ni eso. La primera industria española, al garete.

¿Os acordáis de las Mareas Blancas? Eran manifestaciones de los sanitarios contra los recortes. Las primeras de 2012 fueron multitudinarias. En las últimas había más periodistas que manifestantes. Lo habíamos asumido como mal endémico cuando lo más importante es la salud.

Un último párrafo para los primeros: las víctimas. Me siento mal por seguir sano y salvo ante tanto dolor cercano. Dar el pésame por teléfono es una mierda. La llamada de la residencia de mi padre es un vuelco al corazón.

Quiero dejar de tener miedo. 

Francamente, no veo el final.