#LaRadioSalvaVidas




Reconozco que tengo uno de los peores despertares del mundo. Siempre me levanto enfadado, gruño, soy monosilábico. Quizá no sea el único. La única que se atreve a dirigirme la palabra a esa hora es la radio. Ese pequeño transistor del baño tiene el valor de hablarme, de conectarme con el mundo, de agitar mi neurona cuando nadie osaría. Hoy, desde este lado del micrófono, entre boletín y boletín, sólo puedo dar las gracias porque sean los oyentes los que nos dejen entrar a diario en sus vidas, incluso en los momentos de mayor intimidad, donde se cuelan las ondas. Así me picó el veneno de la radio cuando tenía uso de razón y por aquí seguimos. Gracias a todos los que han permitido que cumpliera mi sueño, empezando por mis padres. Disculpas a todos los que han sufrido mi pasión por la radio, empezando por mi mujer. Y un consejo: si la voz del locutor te enamora, no te pases por la emisora.

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